17 de abril 2024

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El Partido de la Gente (PDG) declaró este miércoles su postura en relación al medio siglo de haber tenido lugar unos de los hechos que más profundamente han marcado la historia reciente del país: El golpe de estado de 1973.

«La bancada del Partido de la Gente vienen en este acto en manifestar su solemne deseo de escapar de las órbitas del inaceptable negacionismo del que hacen desfachatadamente gala tanto la izquierda como la derecha. Porque mientras la derecha niega los crímenes atroces cometidos durante la dictadura de Augusto Pinochet, la izquierda niega el desastre social, económico y político en el que el gobierno de Salvador Allende sumió a Chile entre 1970 y 1973», señalan en su declaración.

Y agregan que «ineludiblemente, cada sector político carga al otro con la culpa por los males que enfrenta el país. Para ellos, da tanto lo mismo enarbolar la falacia de que Salvador Allende no tuviese responsabilidad histórica alguna, como la inaceptable pretensión de que la dictadura de Augusto Pinochet pudiese encontrar algún grado de justificación en sus supuestos logros económicos».

Asimismo, en el documento observan que «si bien la más clara de las racionalidades nos lleva indefectiblemente a entender que la violencia no es el camino para la resolución de los conflictos políticos, no podemos soslayar la contundente verdad histórica de que la descomposición social, económica y política imperante en Chile para septiembre de 1973 hizo totalmente inevitable el golpe de Estado».

En ese sentido, señalan que «seremos categóricos en enfatizar que no utilizamos aquellos eufemismos con los que la derecha pretende lavar la imagen de los horrores vividos. Al golpe de Estado lo llamamos golpe de Estado y no pronunciamiento militar. A la dictadura la llamamos dictadura y no gobierno militar. Y, aún más importante, al dictador lo llamamos dictador y no estadista ni Presidente de la República, porque jamás fue ninguna de ambas cosas. De la misma forma, somos categóricos en afirmar que Salvador Allende, si bien fue electo Presidente de la República de una manera irreprochablemente democrática, condujo a la Patria a una espiral de destrucción sin sentido, que la conducía irremediablemente en franca e innegable vía de convertirse inexorablemente en una dictadura marxista, amenazando con llevar a Chile por el mismo camino previamente transitado por Cuba o Rusia».

Además, afirman que «nos permitimos recordarle a la clase política del cincuentenario que demócratas de la talla moral de Patricio Aylwin y Eduardo Frei Montalva fueron abiertos opositores y críticos de la Unidad Popular, y tanto antes como inmediatamente después del golpe de Estado, avalaron su ocurrencia. Ello, sin embargo, no los inhabilitó en lo absoluto para, una vez conocidos los horrores y abusos de la dictadura que devino luego, se convirtiesen en sus más enconados enemigos, a tal punto que, a Frei Montalva, ello le costase la vida. Por eso mismo preguntamos: ¿acaso alguien hoy osaría descalificar moralmente a Patricio Aylwin o a Eduardo Frei Montalva llamándolos negacionistas? ¡No, señor! Quien reconoce que el golpe de Estado era inevitable y necesario, únicamente entiende que la Patria estaba en peligro mortal, sin con ello justificar en lo absoluto las atrocidades que vinieron en los 17 años que le siguieron, ni convertirse en cómplice de éstas, como muy conveniente y maniqueístamente pretende instalar un sector de la izquierda actual Asimismo, rechazamos el audaz revisionismo que pretende instalar una parte de la derecha, aspirando a presentarle a la ciudadanía el hecho de que la dictadura se justifica en función de sus (pretendidos) logros en materia económica».

Finalmente, sostienen que «puestos en el trance histórico de formar parte de la clase política que dirige los destinos de Chile al cumplirse 50 años del 11 de septiembre de 1973, nosotros, parlamentarios de las fuerzas políticas de centro, creemos nuestro deber ineludible para con la Patria y con los chilenos el marcar la necesaria diferencia entre los absolutos morales que los extremos políticos aspiran a imponernos. Es por ello que con fuerza y contundencia histórica decimos: ¡El 11 sí, los 17 no!»