20 de enero 2022

Veritas Capitur

La Verdad se Conquista

  • Etiopía es en estos momentos el escenario de una noticia que hace dos años resultaba impensable: finalmente el premio Nobel de la paz 2019, ha vuelto a ponerse el uniforme militar para dirigir al Ejército en la batalla por Tigray.

Por Rosario Muñoz, Periodista


El 23 de noviembre escuchamos a Abiy Ahmed Ali, primer ministro de Etiopía y premio Nobel de la Paz 2019 hablar en un lenguaje bélico sobre vida y muerte, expresando incluso que estaba dispuesto a morir por su causa contra el ejército rebelde de la región de Tigray, en el norte del país que lidera.

Como ha pasado con varios Nobel de la Paz, Ahmed es ahora cuestionado por acciones posteriores a la recepción del premio, como ocurrió en el caso de Aung San Suu Kyi en Birmania, y de Obama, en EEUU.

Lo que ocurrió el 23 de noviembre no fue la primera vez en que Ahmed tomaba la vanguardia en la lucha contra el ejército rebelde, ya que el pasado 4 del mismo mes hubo otro punto de inflexión en esta guerra: luego que el Frente de Liberación Popular de Tigray (TPLF por sus siglas en inglés) capturara dos ciudades importantes en dirección a la capital del país, Addis Adaba, y se acercaran peligrosamente, las fuerzas oficiales del gobierno reconocieron su debilidad frente a los insurgentes y Ahmed llamó a la población civil a tomar las armas, declarando, además, estado de excepción y anunciando que podría tomar detenido a cualquier civil sospechoso de colaborar con las fuerzas de Tigray.

Luego de este anuncio, tuvo lugar un gran aumento de reclutamiento para el ejército federal, con el fin de revertir la cada vez más marcada debilidad ante los rebeldes.

Las guerras fronterizas y étnicas, como ésta, generalmente tienen su origen en problemas no resueltos que dejó el proceso de independencia. La retirada de los europeos como colonizadores es el punto donde hay que comenzar a desenredar los hilos de los conflictos del tercer mundo, especialmente del continente africano.

Eritrea fue protectorado inglés hasta la anexión a Etiopía, su vecino, en 1962. En ese momento fue suprimido el lenguaje y la identidad nacional eritrea, lo que llevó a la creación del Frente Popular de Liberación de Eritrea (EPLF) que luchaba por la independencia. Luego de la guerra civil de los años 80’ en Etiopía, finalmente EPLF pudo proclamar Eritrea como país independiente en 1993.

Por otra parte, Etiopía, que es étnicamente diverso, estableció en 1995 nueve regiones político-administrativas, organizadas sobre la base de la pertenencia étnica de la mayoría de la población, principio estipulado en la constitución que se implementó luego de la descomposición de la República Democrática Popular de Etiopía.

Fue así como Tigray se instauró como una de estas 9 regiones. Luego de su establecimiento, vivió un favorecedor auge económico y poco a poco fue ganando peso dentro del escenario etíope -con los tigrayanos siendo solamente el 6% del total de la población del país- mientras otras regiones básicamente estaban al borde del hambre.

Durante años Tigray tuvo un mejor estándar de vida que el resto del país, generando las tensiones esperables con el gobierno central y las otras regiones, hasta que en 2018, ganó una coalición multiétnica que llevó a Abiy Ahmed al poder. Tigray se negó a ser parte de esta coalición, es más, Debretsion Gebremichael, jefe del TPLF, fue rival de Ahmed en esas elecciones.

El TPLF, entonces, quedó en 2019 entre la Etiopía de Ahmed y el país vecino Eritrea, curiosamente justo cuando Ahmed hacía la paz con esta joven nación, lo que le significó el millonario premio ese año.

La tensión creció en 2020, cuando Ahmed decidió suspender las elecciones parlamentarias por Covid. Tigray se negó a aceptar esta suspensión y organizó las suyas propias, dejando así de reconocer al gobierno central. Esto generó el quiebre final.

En ese momento se creó una alianza militar entre Ahmed y Eritrea, lo que caldeó más aun los ánimos al interior de la región de Tigray, especialmente en las filas del TPLF.

Luego de un año ya de este conflicto armado, a estas alturas se inclina claramente en favor de las fuerzas rebeldes de Tigray.

Ha causado miles de muertes, obligado a más de dos millones de personas a dejar sus casas y llevado a partes del país a la hambruna. Además de la profunda desestabilización y empobrecimiento que ha significado a Etiopía.

Se ha caracterizado por sus atrocidades y crímenes de guerra, donde -como siempre- son las mujeres las más afectadas, siendo las violaciones grupales una de las prácticas más comunes por parte de ambos bandos.

Etiopía es en estos momentos el escenario de una noticia que hace dos años resultaba impensable: finalmente el premio Nobel de la paz 2019, ha vuelto a ponerse el uniforme militar para dirigir al Ejército en la batalla por Tigray.

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