6 de febrero 2026

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  • Especialista advierte que las altas temperaturas generan sobrecarga fisiológica que impacta directamente en las emociones y el rendimiento diario. Adultos mayores y personas con trastornos mentales son grupos de mayor riesgo.

Por Comunícate 360


Las olas de calor no solo elevan los termómetros: también alteran el estado de ánimo, el sueño y la capacidad de concentración. Así lo advierte Hermann Thomas, psicólogo y académico de ADIPA, quien explica que las altas temperaturas producen una sobrecarga física que repercute directamente en la regulación emocional.

“El calor no solo se siente incómodo, también es un estresor fisiológico. Las emociones no son solo experiencias subjetivas, sino estados corporales. Cuando el cuerpo está exigido por la temperatura, es más fácil que aparezcan irritabilidad, estrés y agotamiento emocional”, señala el especialista.

El fenómeno, conocido como estrés térmico, ocurre cuando el organismo debe destinar gran parte de su energía a regular la temperatura corporal. Esto genera efectos fisiológicos, como palpitaciones, dolor de cabeza o aumento de la presión sanguínea, que influyen en el estado psicológico.

Durante periodos de calor prolongado es frecuente notar cambios bruscos de humor, mayor tensión y una sensación persistente de cansancio emocional.

“La incomodidad constante reduce nuestra capacidad de autorregulación. Reaccionamos con menos paciencia frente a situaciones cotidianas que normalmente manejaríamos mejor”, explica Thomas.

El sueño, uno de los más afectados

El descanso también se ve alterado. Para dormir, el cuerpo necesita bajar su temperatura, algo difícil cuando las noches siguen siendo calurosas.

“Las altas temperaturas reducen el tiempo de sueño profundo y reparador. La falta de descanso impacta directamente en la atención, la memoria y la concentración”, advierte el académico.

Estudios han observado disminuciones en el rendimiento cognitivo cuando las temperaturas superan los 30 °C, debido a que el organismo prioriza la irrigación sanguínea hacia la piel para disipar el calor.

No todas las personas se ven afectadas por igual. Los principales grupos de riesgo son:

-Adultos mayores
-Personas con trastornos de salud mental
-Quienes viven en contextos socioeconómicos con menos acceso a sistemas de enfriamiento
-Personas que utilizan ciertos medicamentos o presentan enfermedades crónicas

“En estas poblaciones, el impacto del calor puede ser más severo tanto física como psicológicamente”, señala Thomas.

Cómo proteger la salud mental durante una ola de calor

Dado que se trata de un fenómeno climático difícil de controlar, el especialista enfatiza la importancia de la adaptación.

Recomendaciones clave:

-Mantener hidratación constante
-Usar ropa liviana y de colores claros
-Reducir la exposición al sol en horas de mayor temperatura
-Utilizar ventiladores o aire acondicionado cuando sea posible
-Ajustar horarios y disminuir exigencias físicas y mentales
-Priorizar espacios frescos y pausas de descanso

“No basta con intentar ‘pensar positivo’. Es fundamental disminuir efectivamente el calor corporal y el malestar físico”, subraya el psicólogo.

Reconocer señales como irritabilidad persistente, ansiedad, agotamiento o baja en la productividad permite actuar a tiempo. Recordar que cuidar la salud mental durante las olas de calor es parte del bienestar integral se vuelve cada vez más relevante en el contexto del cambio climático.