21 de abril 2024

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Hasta ahora, dos personajes han mostrado interés en presentar su candidatura a la presidencia del fútbol chileno. Si no surge pronto una alternativa real y diferente, lo que ocurra en noviembre marcará la vigencia de la sentencia aquella: “lo mismo de siempre”.

Por SERGIO GILBERT J. / Foto: ARCHIVO


El próximo martes 8 de noviembre, en la sede de Quilín, se llevarán a cabo las elecciones de la Asociación Nacional de Fútbol Profesional (ANFP), que determinarán quién regirá los destinos del organismo en los próximos cuatro años.

Hasta ahora, cuando aún no se han hecho las postulaciones oficiales, dos personas han manifestado ya su deseo de participar como candidatos a dicha elección: el actual presidente Pablo Milad, y el ex jerarca y ex dueño de Audax Italiano, Lorenzo Antillo. Es decir, los mismos que se enfrentaron en las últimas elecciones.

Como nunca -o quizá, con más fuerza que siempre- no hay en esta eventual disputa mayores esperanzas de cambios, mayor desarrollo o profesionalización de la actividad. Milad y Antillo, en verdad, representan más de lo mismo, es decir, mediocridad, falta de visión e intereses personales.

La situación es delicada porque el 8 de noviembre no se elegirá la mejor alternativa o el programa de gobierno más ambicioso, sino que a quien convenza a los 32 clubes de Primera y Primera B de resguardad sus particulares intereses.

Es decir, habrá una lucha que, para el fútbol en su esencia, será entre uno que es malo y otro que es peor.

No, no es sólo cuestión de tincada. Los hechos avalan el pesimismo.

Pablo Milad, quien llegó a la testera de la ANFP desde el gobierno del Presidente Sebastián Piñera (era Intendente de la Séptima Región al momento de anunciar su deseo de postular al cargo), no tiene mayores logros que exhibir en estos años de gestión tanto en lo deportivo como en lo administrativo.

En lo primero, Milad tomó decisiones desacertadas y poco coherentes desde el punto de vista de estructuración técnica que llevaron a que Chile no sólo tuviera actuaciones mediocres en el plano de la Roja Absoluta (Copa América y eliminatorias mundialistas), sino también que se retrocediera competitivamente en las selecciones menores.

Si a ello se le suman otros desaciertos, como la larga pausa en los torneos de menores nacionales o el inoperante plan de desarrollo para potenciar la liga local, se entienden todos los fracasos que ha sufrido Chile en los últimos años en el plano internacional.

En lo administrativo, tampoco hubo avances. Pese a lo que esbozó como intención cuando asumió, no ha habido decisión ni deseos de esclarecer judicialmente el tremendo forado que dejó la lamentable administración de Sergio Jadue y menos se ha dado una propuesta a la necesaria separación de la ANFP y de la Federación de Fútbol.

¿Sería mejor, entonces, un cambio en el gobierno de la ANFP?

Por cierto. Pero Lorenzo Antillo no es precisamente el factor que pudiese enderezar el camino.

Al contrario. Antillo representa, sin duda, el perfil del dirigente peor evaluado actualmente: aquel que antepone los intereses particulares y mercantiles por sobre los sueños futboleros colectivos y que, además, tiene vinculaciones permanentes y sólidas con los representantes.

Antillo, qué duda cabe, tratará de representar las transformaciones para ganar votos y la simpatía mediática. De hecho, como buen candidato, ya habló de nuevas estructuras y de modernismos.

Pero no parece ser más que verborrea pre electoral nomás.

Nada cambiará con él ni con Milad. Todo seguirá igual.

Al final, de verdad, esto es gatopardismo puro y duro.