15 de abril 2024

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  • El fútbol chileno está de luto tras el fallecimiento del que fuera entrenador de la selección chilena con la que disputó la final de la Copa América en 1987 y que adiestró en las bulladas eliminatorias a Italia 1990

Por Cristián Carrión N. de Revista El Ágora


Orlando Aravena, cuyo fallecimiento, a los 81 años, se conoció este jueves, comenzó su carrera como futbolista en Magallanes en 1957. Luego pasó a La Serena, elenco con el que ganaría la Copa Chile de 1960, para luego jugar en Palestino, Colo Colo y Ñublense. Fue seleccionado chileno entre 1957 y 1965, participando en las eliminatorias para los mundiales de Suecia 58 e Inglaterra 66.

Como entrenador su carrera siempre fue en ascenso. Y en la década de 1980 fue donde logró tener mayor resonancia, convirtiéndose en un técnico de excelencia en el fútbol nacional. Entre 1975 y 1987 dirigió a la selección chilena sub 20, a Colo Colo, Audax Italiano, Universidad Católica, O’Higgins (dos veces), Unión Española (dos veces), Rangers, Everton y Palestino.

La gran campaña que realizó con Palestino en el torneo de 1986, en la que perdió la final con Colo Colo, le permitió llegar a la selección chilena, donde hizo historia.

El Cabezón con la camiseta de Colo Colo.

Esto porque comandó a La Roja en el inolvidable triunfo por 4-0 sobre Brasil en la Copa América de 1987, certamen en el que perdió la final ante Uruguay por 1-0.

Aravena continuó liderando el proceso de la selección chilena hasta 1989, año en el que nuevamente dirigió la Copa América en Brasil, sin mayor éxito

El gran desafío era llevar a Chile de vuelta a un Mundial, por lo que las eliminatorias a Italia 90 fueron muy bravas. Tras ganarle a Venezuela los dos partidos y empatar con Brasil en Santiago, se definió todo en el Maracaná de Río de Janeiro.

Ahí se vivió el mítico “Maracanazo”, en el que Roberto Rojas se cortó la frente, el equipo se retiró de la cancha y la FIFA castigó a la Federación Chilena sin poder participar de la siguiente eliminatoria.

A Aravena también le cayó un castigo personal: no poder volver a dirigir nunca más a nivel internacional. Luego de su paso por La Roja, entrenó a Palestino en 1996 y en 2005 a Santiago Morning, sus últimas experiencias.