27 de enero 2022

Veritas Capitur

La Verdad se Conquista

Nunca se sabrá a ciencia cierta -al menos en el mediano plazo- las razones reales por las cuales el delantero Roberto Gutiérrez no remató uno de los tiros penales en la definición en la que su equipo, Ñublense, cayó frente a Universidad Católica en la Supercopa.

Por SERGIO GILBERT J. de El Ágora / Foto: AGENCIA UNO

Hasta ahora, todo está en la nebulosa. Los primeros trascendidos indicaron que Gutiérrez, nacido y criado en las divisiones menores de la UC y confeso hincha del club cruzado, no quiso patear justamente por eso: su vinculación emocional con el rival a vencer.

Luego el tema fue tomando más vuelo, y se rumoreó que en mismo camarín del estadio Ester Roa de Concepción, los compañeros del Pájaro lo encararon en forma brusca, no solo por no haber tenido “huevos” (expresión más que aceptada en el argot futbolero) sino que, en razón de su negativa, le traspasó la responsabilidad de definir al joven José Navarrete -apodado Pollito- cuando en forma evidente no estaba preparado emocionalmente para una instancia así (era su tercer partido en el equipo).

Todo siguió en escalando. Días después, un dirigente chillanejo señaló tener evidencias de que Gutiérrez actuó en forma poco profesional y por ello anunció que el atacante saldrá del club apenas finalice el actual torneo.

Para rematar, el protagonista del entuerto le puso otro condimento a esta comedia: en una carta-mensaje en su Instagram, Gutiérrez, en lugar de aclarar de una buena vez por qué no ejecutó el dichoso penal, se dedicó a desmentir la pelea con sus compañeros, a señalar que es un profesional y que tiene un sentimiento especial por la UC.

O sea, dejó donde mismo el tema.

Lo cierto es que más allá de los detalles, esta acción de Roberto Gutiérrez se suma ya a la serie de irregularidades que se han conocido en el último tiempo por parte de futbolistas que participan en el escenario nacional y que quedan en el aire sin que se tomen decisiones y no se apliquen castigos formales o al menos sanciones éticas.

Hace varios meses, por ejemplo, se sabe de la suplantación de identidad en un examen PCR del arquero titular de Unión La Calera, Alexis Martín Arias, y pese a estar ya identificado el suplantador, ninguna autoridad futbolística ha ejecutado una sanción sobre el club y sobre el suplantado. Parece que para ellos, esta irregularidad fue una anécdota.

También fue poco aquilatada la sorprendente confesión del jugador argentino Emiliano Vecchio quien señaló -muerto de la risa en un programa de su país- que había “jugado para atrás” en el encuentro entre Colo Colo y Unión Española en 2013 que le dio el título a los rojos en el torneo de Transición y que, de paso, perjudicó directamente al otro aspirante, Universidad Católica.

Salvo tibias condenas de ex compañeros y del Sifup, nadie hizo gran escándalo. Ni menos se tomó acciones en contra de Vecchio como la de dejar sentado, por ejemplo, que nunca más pueda jugar en el fútbol chileno.

Lo de Roberto Gutiérrez seguro que seguirá un camino similar. Tal vez no permanezca en Ñublense, pero a la larga será más que nada por su mediocre campaña en el año que por su decisión en la final de la Supercopa.

Al fin y al cabo, aquí a todo se le echa tierra.

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