24 de mayo 2024

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  • El ex intendente del Maule y ex presidente de Curicó simplemente no le ha acertado casi a ninguna de sus decisiones. Todo lo ha hecho de regular a pésimo.

Por Sergio Gilbert J.


La administración de Pablo Milad a cargo de la ANFP (también de la Federación de Fútbol) está a punto de alcanzar una marca histórica: ser la que ha tomado las peores decisiones en cantidad y porcentaje.

Claro, la larga lista de desaciertos directivos es larga en el fútbol chileno. Hay algunos presidentes que han sido demasiado ingenuos, otros soberbios o cuadrados, por ahí uno que metía las manos y varios con papeles manchados que intentaron recuperar en el fútbol la poca trascendencia y reconocimiento que tenían en sus vidas profesionales.

Pero lo de Milad sobrepasa todo eso porque de verdad, el ex intendente del Maule y ex presidente de Curicó simplemente no le ha acertado casi a ninguna de sus decisiones. Todo lo ha hecho de regular a pésimo.

Veamos.

Pablo Milad, de partida, tuvo fallas de origen en su llegada a la ANFP. Su impulso como candidato contó con la gracia de La Moneda donde se entendió -una vez más y teniendo las pésimas cifras de las encuestas en la mano- que tener el control del fútbol es una manera de tener cierto control político.

Luego, Pablo Milad logró ganar las elecciones no sin polémicas. Su victoria frente al otro candidato -Lorenzo Antillo- fue cuestionada por un par de situaciones al menos censurables en el proceso mismo (hubo un club que votó con un abogado al lado) y aunque se prometió que se investigaría, obviamente se terminó por echar todo al olvido.

La lista de errores no forzados se incrementó con el intento fallido de nombrar un “asesor presidencial” en temas deportivos con cargo por cierto a la ANFP (el designado era el DT argentino Germán Corengia), que al final no pudo cristalizar. Era una tontería.

Pero cuando llegó al máxime de las equivocaciones fue cuando realizó el traspaso de mando técnico de la Selección en medio de las eliminatorias: echó a Reinaldo Rueda diciendo que el colombiano quería irse (cosa que fue desmentida) y lo reemplazó por Martín Lasarte, un DT que como gran ventaja a otros candidatos tenía el ser ex entrenador en el fútbol chileno, baratito y bueno para dar declaraciones…

Sumemos y sigamos.

Tras la eliminación de Chile del Mundial y cuando ardía Troya por los cuatro costados, Pablo Milad no encontró nada mejor que viajar al otro día de dicha eliminación a Qatar, al sorteo de la Copa del Mundo. Parecía una burla. ¿Su justificación? Es que ahí se oficializaría su designación como vicepresidente de la Conmebol, algo muy importante, por cierto, para el desarrollo del fútbol chileno.

No es todo. En la crisis arbitral, Milad actuó como veleta. Primero apoyó públicamente al presidente de la Comisión que él mismo contrató -Javier Castrilli- pero tras un Consejo de Presidentes tenso que no supo manejar, terminó por echarlo.

¿La guinda de la torta?

En el último Consejo, al ver las cifras rojas que se vienen para la actividad (se estiman en siete mil millones de pesos las perdidas en 2022) el presidente del fútbol chileno planteó dos “ingeniosas” recetas: bajarle los premios a la Selección en las próximas convocatorias, y utilizar el VAR solo en algunos partidos de la competencia.

Risible, por decir lo menos.

En lo primero porque Milad se compra con esto desde ya una batalla grande con los futbolistas que, seguro, contará con el aval del Sifup.

En lo segundo, porque es un chiste malo el pretender aplicar un sistema de justicia arbitral en forma diferenciada. Es prender una hoguera.

Pablo Milad ha dado palos de ciego desde que asumió el cargo. Su manejo de crisis ha sido lamentable.

El poncho le quedó gigante.

Pobre fútbol chileno.