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En conversación con Aquí y Ahora, el historiador mapuche e investigador del Centro de Estudios Interculturales e Indígenas (CIIR), Claudio Alvarado Lincopi, analizó la coyuntura actual que atraviesa el conflicto entre el pueblo mapuche y el Estado chileno, marcada por los llamados a la militarización del Wallmapu (Araucanía).

Ayer la Cámara de Diputados aprobó un proyecto de resolución para solicitarle al Gobierno la intervención de las Fuerzas Armadas en la zona sur del país, algo que Alvarado Lincopi lamentó.

«Simbólicamente es muy fuerte, porque se asemeja muchísimo a lo que aconteció en el siglo XIX con la mal llamada Pacificación de la Araucanía, en donde fueron también los parlamentarios, en el 1859, 1860, quienes dieron pie para el proceso de expansión colonial y ocupación militar del Estado de Chile».

«Los resultados de aquella ocupación todavía son visibles hasta el día de hoy», resaltó el historiador, que además problematizó que el análisis del conflicto se enfoque en los hechos de violencia que ocurren actualmente.

«Esto es un fenómeno de larga duración, que hay que observar en esas dimensiones, porque si lo observamos únicamente por el detalle policial o por la noticia urgente, no logramos avanzar hacia soluciones concretas, que finalmente es una de las grandes heridas al interior de la configuración de la República».

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En ese sentido, la búsqueda de una vía política a través de la institucionalidad del Estado vislumbra como un horizonte de posibles respuestas a las reivindicaciones históricas del pueblo mapuche, algo que, de acuerdo a él, tiene precedentes en la historia chilena.

«Durante el siglo XX la sociedad mapuche logró tener diputados, por ejemplo. Durante los años ’60 hubo un proceso de reforma agraria por el intermedio del cual la sociedad mapuche buscó recuperar territorio. Todo eso quedó en nada posterior al golpe de Estado».

Hoy, esa experiencia tiene la oportunidad de replicarse a través del proceso constituyente, y algunos ejes centrales emergen como fundamentales para la lucha mapuche. «Hay dos grandes debates: el de la tierra y el del poder», puntualizó Alvarado Lincopi.

«Todo pueblo requiere un territorio en donde pueda desenvolverse, entonces hay que empezar a discutir sobre temas como la propiedad de la tierra, la posesión de ella, los procesos de recuperación».

Por otro lado, la soberanía política del pueblo mapuche también podría abordarse y, eventualmente, resolverse mediante la redacción de una nueva constitución.

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«La sociedad mapuche está avanzando hace bastantes décadas sobre definiciones como autodeterminación, autonomía o plurinacionalidad. Cada una de ellas, muy diferentes, que tienen expresiones muy distintas, hay que discutir».

Dentro de esas posibilidades, el investigador explicó que tanto el pueblo chileno como mapuche deben buscar mecanismos para habitar y convivir en un mismo territorio.

«Básicamente discutir cómo la sociedad mapuche puede tener cabida al interior de lo político, la distribución del poder, pero al mismo tiempo cómo cierta institucionalidad chilena se plurinacionaliza. En la toma de decisiones debe existir un pacto de co-existencia y co-decisión».

Para Alvarado Lincopi, casos como Nueva Zelanda, Bolivia o España muestran claves sobre cómo repensar el rol del pueblo mapuche dentro de la República de Chile.

«Las democracias contemporáneas modernas se han abierto a pensar que los múltiples pueblos que habitan los estados deben tener mayor injerencia en su desarrollo. Estamos en hora de que Chile se transforme en una democracia más del siglo XXI, y dejar por fin esta forma institucional heredada desde el siglo XIX».

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