- Por Félix Torres, documentalista cinematográfico, colaborador de la Fundación Encuentro Democrático, magister (c) en estudios políticos.
Hay un cristianismo corrompido por su ansia de poder e influencia, que se sirve de la crueldad para dar cobertura a una política de humillación, agresión y cinismo. Desde esos círculos pretenden predicar, pero resultando en avalar lo anterior mencionado.
El escándalo mostró que no se trataba sólo de un video filtrado: “el tonito” es así siempre. Y entonces aparece la pregunta por los panelistas cristianos de esta “cofradía”, si acaso usan la confesionalidad para proselitismo político. La crueldad no puede ser una necesidad política cristiana; es, más bien, su negación. Un oxímoron, a esta altura de la discusión.
Para justificar esa violencia, se suele recurrir a un blanqueamiento histórico de acciones bélicas y represiones masivas, buscando referentes del pasado para justificar la disposición hostil, siempre a partir del señalamiento de algún chivo expiatorio. En estos círculos los creyentes no recurren realmente al Nuevo Testamento, para crearse una disposición deliberativa, sino a lecturas anacrónicas del viejo reino del Antiguo Testamento o a versiones romantizadas del medioevo, resultando un Frankenstein utópico de pasados irreproducibles.
En medio del lenguaje matonezco de estos (in)comunicadores, el “humor” funciona como disfraz de una caja de resonancia ideológica. A eso le suman, de cuando en cuando, una bendición religiosa, combativa y “apologética”. Con esas intervenciones consagran por aspersión todo lo demás que se pueda decir, sin importar si se alude a abusos, denigraciones o insultos de cualquier calibre. Ya tienen la bendición.
La superioridad moral y confesional queda intacta bajo el amparo del supuesto “humor político”: se puede bromear con abuso infantil y seguir hablando como si nada. Y los que bromean así o son testigos pasivos, son padres. Luego están haciendo charlas a jovencitos en iglesias. ¿Como convive una cosa con la otra? Ya se dijo algunas vez: la banalidad del mal, pero hoy abusando de la tolerancia inoculando su supuesta “batalla cultural”. Pero todo se puede disimular con un gaslighting que desplaza toda la gravedad del acto a la mente de quien les protesta. El que usa la crueldad como táctica política cree que el fin justifica el medio: triunfar, suspendiendo toda concesión. Aquí no hay política, sino su denigración; una incomunicación y división ciudadana producida por estos supuestos comunicadores.
El influencer defensor de la “libertad” y orgulloso “templario” puede usar su fe para absolver todo lo demás; eso inquieta, y no es un caso aislado. Uno se pregunta si eso de “cristiano” sirve, simplemente, para seducir seguidores y usar la fe con otro fin, el entrenamiento es la conversación mordaz, el “humor político” y luego desde esto “paneles” se transforman en ministros, o al menos, “speakers” de congresos cristianos.
El círculo vicioso se retroalimenta a sí mismo. El recurso narcisista hostiga la emocionalidad del otro hasta provocar furia y hartazgo, para luego usar esa reacción como prueba de su victimización. “Ya te pusiste grave”, dice el bully, mientras exige un “mínimo de ética” que jamás aplicó. Como el jugador de fútbol que exagera la caída para ganar mediante sanciones. Toda argumentación queda vaciada bajo el hostigamiento, la denigración y el vocabulario procaz. Se quejan por la reacción de las redes sociales, pero no hay miramientos a que han contribuido a la atmósfera de hostilidad creciente.
Clones defectuosos de una versión mal resumida de Carl Schmitt: no buscan al enemigo, también lo crean y lo fomentan, para ahorrarse el trabajo empático, sagaz y paciente de la deliberación ciudadana. Solo se conciben a sí mismos desde su enemigo. Por eso todo lo que pueden aportar es beligerancia y arrogancia. Necesitan alimentarse de la reacción emocional del otro, no de la conversación ni de la persuasión. ¿Cómo es un narcisista intentando hacer apologética? Se hace libertariano y “templario”.
Cuando de una cofradía así pende un crucifijo, el crucifijo deja de importar.

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