30 de junio 2022

Veritas Capitur

La Verdad se Conquista

  • El técnico uruguayo deberá trabajar con un plantel que fue mal conformado, con refuerzos que no dieron el ancho y con el fantasma de las malas campañas anteriores. Por eso, será clave la decisión de las incorporaciones que les permiten las bases del torneo.

Por Sergio Antonio Jerez


Renovación total. Esa era la idea de la dirigencia de Universidad de Chile para esta temporada, después de dos desastrosas campañas que tuvieron a los azules al borde del abismo. La decisión fue traer a Luis Roggiero, el gerente técnico ecuatoriano que generó una verdadera revolución en Independiente del Valle, que llevó a ese modesto club a lo más alto a nivel local y sudamericano. Con él, la llegada del técnico colombiano Santiago Escobar, con un par de buenos resultados con Estudiantes de Mérida, de Venezuela, y Atlético Nacional, de Colombia, con los que fue campeón. Pero, en general, su trabajo no había sido muy relevante en otros clubes.

Pero si la apuesta por Escobar era dudosa, peor fue la elección de los jugadores que llegaron a suplir a los diez que partieron. Para ser rigurosos, no todos fueron responsabilidad de Roggiero, porque, para variar, la mano de la dirigencia estuvo absolutamente desacertada.

De partida, la responsabilidad de la llegada al CDA de los volantes Felipe Seymour y Luis Felipe Gallegos nunca fue bien aclarada y si tuvo o no el visto bueno del técnico Escobar y si hubo o no intervención de Roggiero. Sí la tuvo en la incorporación del defensor boliviano José María Carrasco, que venía de un largo tiempo de inactividad por una lesión.

Tal vez, estos tres casos son los más emblemáticos del fracaso. Porque, aunque fue bastante resistida por los hinchas, la incorporación de los ex Huachipato Ignacio Tapia e Israel Poblete no termina por ser una mala inversión. El defensa tiene recién 23 años y, por condiciones, se podría esperar un futuro mejor. En cuanto al volante, junto a los atacantes Ronnie Fernández y Cristián Palacios, otros dos refuerzos, su presencia no ha sido del todo mal evaluada. Tampoco aparece como una buena opción lo de Jeisson Vargas, un jugador de buena técnica, pero que arrastra desde hace tiempo una pubalgia que hoy lo tiene definitivamente al margen.

Al cabo, el mejor de los refuerzos ha terminado siendo el arquero argentino nacionalizado ecuatoriano y seleccionado de su país, Hernán Galindez, por muchos que algunos protesten por quitarle espacio a uno de sus proyectos más interesantes, el joven meta Cristóbal Campos.

Con una defensa y mediocampo pésimamente conformados, la “U” tiene el deplorable registro de ser el equipo al que más le rematan al arco, mostrando debilidades abismantes para un club de su categoría, que cuenta con una hinchada ejemplar y reconocida por moros y cristianos por su apoyo incondicional.

Pero toda paciencia tiene un límite y los primeros en sufrirlo fueron Roggiero y Escobar. Con el equipo más cerca de los puestos de descenso que de la lucha por los primeros lugares, ambos fueron despedidos y el proyecto con el ex gerente de Independiente del Valle se fue a la basura.

Otra vez la “U” en la encrucijada de una banca acéfala, llenada nuevamente con un interino, ahora uno que no nació en el club, Sebastián Miranda, técnico de la sub 17.

Muchos nombres sonaron para el puesto de titular. Al final, la dirigencia se decidió por el uruguayo Diego López, de 47 años, que tras una interesante carrera como jugador en Italia y su retiro en 2010, comenzó su camino como entrenador en el mismo club donde se había despedido como futbolista, el Cagliari italiano, en 2012. Luego de pasos por Bologna, Palermo y otra vez Cagliari, retornó a Uruguay para obtener tres títulos con Peñarol entre 2018 y 2019. De allí volvió a Italia, para completar una campaña para el olvido con el Brescia.

Hace unos días, fue oficializado como el nuevo director técnico de Universidad de Chile, con el objetivo de remontar y tratar de meterse en puestos de copas internacionales. Hoy la “U” está en el lugar 11, con 17 puntos, a cuatro del último clasificado –terminada la primera rueda- para la Sudamericana, O’Higggins, y a 12 de los líderes, Colo Colo, Ñublense y Unión Española.

Pero para conseguir los objetivos, Diego López, que tendrá dos asistentes italianos y al propio Sebastián Miranda, tendrá que hacer una cirugía mayor en el plantel y para eso necesitará un bisturí bien afilado. Tiene la opción de incorporar tres refuerzos, de acuerdo a las bases, y, por lo que se ha comentado, porque él no lo ha dicho oficialmente, su idea es contratar un defensa cental, un lateral izquierdo y un volante de marca. Para ello, se dice, insisto que no hay nada oficial, liberaría dos cupos de extranjero con José María Carrasco y Nahuel Luján. Nombres se han dado varios, pero al cierre de esta columna no había nada concretizado, aunque el diagnóstico de las falencias es bastante aterrizado.

Lo que sí está muy claro, es que los tres que lleguen deben ser nombres lo suficientemente potentes como para ser titulares indiscutidos y su elección, por ende, debe ser muy bien pensada. Con tres refuerzos de categoría, más el aporte de algunos jóvenes de evidente proyección y otros más experimentados que pueden mejorar su rendimiento de la mano de los que lleguen, la “U” podría darles vuelo a sus ilusiones de pelear por cosas importantes en la parte de arriba de la tabla y olvidarse del fantasma del descenso.

Por eso, a Diego López y a los dirigentes que Dios los pille confesados. Los hinchas azules tienen paciencia, pero no les sobra.

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