13 de julio 2024

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  • El cuadro universitario, que estuvo más cerca, tendrá que seguir esperando el poder ganar en el Monumental después de casi dos décadas. Aunque no lo ayuda mucho, no cabe duda de que el punto tras el 0-0 tuvo mejor sabor para los albos, que al menos no pasaron negativamente a la historia del equipo popular.

Por EDUARDO BRUNA (Foto: Dragomir Yankovic/Photosport).


Frente al peor Colo Colo de la historia, la U dejó pasar una oportunidad preciosa para haber roto la maldición de casi dos décadas sin poder ganar en el Monumental. Tuvo que conformarse con un deslavado cero a cero que reflejó meridianamente la mediocridad futbolística de ambos equipos, aunque hay que convenir que el elenco azul estuvo más cerca de quedarse con el triunfo.

¿Cuál fue el problema? Que, como apuntan los filósofos que abundan en el fútbol, tanto como abundan los comentaristas que ven calidad y talento allí donde éste claramente escasea, “los goles no se merecen, se hacen”. Y terminando el encuentro, en una jugada que sin duda habría dejado “groggy” a Colo Colo, entre Henríquez y Martínez se perdieron un gol que parecía mucho más fácil convertirlo que errarlo. Cada uno de ellos le dejó la responsabilidad del remate al otro, permitiendo la intervención postrera del meta albo Cortés, que volvió a salvar a su equipo tal como lo había hecho a mediados de semana, frente a la Universidad de Concepción.

Es que, aparte de esa intervención, Cortés tuvo otra a los 72 minutos, para reaccionar de forma notable a un violento disparo de Aránguiz a la entrada del área, tras pivoteo de Larrivey. El balón se colaba arriba, pegado al travesaño, pero el arquero frustró el gol azul con una volada extraordinaria para echarla al tiro de esquina.

Pregunta al margen: ¿cuándo le van a pedir a Cortés que sus saques caigan por lo menos dentro de la cancha? El 90% significan un lateral a favor del rival.

Si el fútbol fuera como el boxeo, se podría decir que la U ganó el partido por puntos, pero como eso no existe, nada tiene que alegar frente a su inoperancia para haber impuesto sus términos en un terreno que pocas veces, y de esto ya varios años, le ha sido propicio.

Siendo dos cuadros bastante limitados, claramente el peso caía sobre la U, que es menos mala que este Colo Colo que, aparte de jugar siempre mal, sufre permanentes lesiones que merman aún más su dudoso potencial como equipo. Esta vez fue Felipe Campos, que antes de los 15 minutos, tras disputar un balón con Aránguiz, sintió en la parte posterior del muslo el tirón que lo dejó fuera del duelo. ¡Bendita Ley de Protección del Empleo, aplicada por los usurpadores de Blanco y Negro y que han significado una baja tras otra…!

Lo que no se entiende en este equipo azul son algunas decisiones de su técnico Dudamel, que frente a Palestino dejó siete jugadores fuera reservándolos para este encuentro. Se suponía que, de esa forma, la intensidad del juego azul iba a ser tanta, que este mediocre y físicamente debilitado Colo Colo iba a ser ahogado desde la salida. Y no ocurrió nada de eso, para alivio de los jugadores albos.

Convengamos, también, que Montillo no fue el aporte esperado. Que realizó una que otra jugada de mérito, pero que no alcanzó la trascendencia que se suponía ante un mediocampo albo que no existe creando y en la refriega pierde mucho más de lo que gana. Queda toda la impresión de que el técnico venezolano, en lugar de levantarlo anímicamente, se empeña en hundirlo, porque una vez más fue el primer cambio de su equipo.

Coincidencia o no, Larrivey dejó de ser ese goleador que parecía implacable desde el mismo momento que Montillo, ante la indiferencia de los regentes de Azul-Azul para extenderle su vínculo contractual por un año más, decidió su retiro del fútbol.

En cuanto a Colo Colo, ¿qué se puede agregar a estas alturas? Sin un teórico armador de juego (y decimos teóricos porque Valencia lo es hasta por ahí no más, y ni el “Mati” ni el “Mago” pudieron estar), Quinteros volvió a entregarle esa responsabilidad a Costa, que es el menos dotado para cumplirla a cabalidad. ¿Cómo, cuando se enreda en cada jugada y muchas veces, en lugar de hacer la simple, pareciera que buscara a los rivales para que se la quiten?

Bien poco podía esperarse de ese Colo Colo ofensivamente hablando. Jara, debutante como titular, nunca pareció cómodo en la banda, Morales imitó la torpeza de Parraguez y Mouche hace tiempo que se olvidó de desbordar. Su jugada favorita es tocársela hacia atrás a Suazo, preferentemente, o intentar diagonales que pocas veces le resultan.

La consecuencia es que el “Cacique” atacó poco y mal. Y aunque algo se activó con el ingreso de Solari por Jara, careció siempre de claridad para procurarse el claro.

Lo paradojal es que, ya en los descuentos, pudo ganarlo Colo Colo. Solari peleó una pelota, la ganó y, viendo que Costa pasaba por su espalda, se le cedió. Sólo que el peruano-uruguayo, en vez de meter el centro atrás como dictan los manuales, apreciando que De Paul se abría intuyendo esa jugada, le pegó al arco, chocando su disparo en el vertical.

Esa la hacía Mario Moreno nomás, pues Costa…

En suma, y al igual como ocurriera en la primera rueda, vimos un Superclásico bastante discretito, bien descafeinado.

Colo Colo, necesitado en forma urgente de puntos para escapar al cadalso que lo ha estado esperando todo el año, creemos que valoró mejor un punto que, en realidad, a ninguno le sirve demasiado. En cuanto a la U, cuando vaya nuevamente al Monumental, que puede ser en 2022, si es que, más que entrenador lo que necesita es un siquiatra.

PORMENORES

Campeonato Nacional. Partido válido por la fecha trigésimo primera.

Estadio: Monumental.

Arbitro: Roberto Tobar.

COLO COLO: Cortés; Campos (16’ Rojas), Falcón, Barroso, Suazo; Carmona, Costa, Fuentes (74’ Alarcón); Jara (74’ Solari), Morales (78’ Paredes), Mouche.

U. DE CHILE: De Paul; Rodríguez, González (67’ Beausejour), Casanova, Del Pino; Moya, Montillo (61’ Henríquez), Espinoza; Lenis (79’ Contreras), Larrivey (79’ Martínez) y Aránguiz.

GOLES: No hubo.

Tarjetas amarillas: en Colo Colo, Suazo y Morales; en la U, Del Pino, González y Beausejour.