31 de octubre 2020

Por Piangella Obrador Moreno / Periodista


La Corte de Apelaciones de Temuco revocó la medida cautelar de arresto domiciliario que había establecido el Juzgado de Garantía, decretándose prisión preventiva para Martín Pradenas, acusado de violar en 2019 a la joven de 21 años Antonia Barra, en medio de la agitación feminista y manifestaciones por la determinación en primera instancia.

Es complejo como mujer darse cuenta que al violar una Cuarentena puedes ser encarcelado, pero si nos violan a nosotras, no. Nuestro cuerpo pareciera ser un territorio inerte del que todos pueden ser juez y parte, tocándolo, destruyéndolo y llevándose cada parte.

Lo de Antonia es demoledor, sin embargo, la violencia hacia las mujeres ejercida durante siglos en todas sus esferas siempre ha estado presente. Su rol social, maternal, laboral, simbólico, político, sexual y estructural, se configura como un escalofrío taciturno en la existencia femenina. Impávido, soberbio y demoledor, el sesgo de esta construcción patriarcal nos azota y se lleva un trozo de nosotras.

Y esa violencia hacia las mujeres se encuentra presente desde la infancia y en nuestro presente, latente en las relaciones que mantenemos y los espacios que recorremos. Todas, sin excepción, han sufrido algún episodio de acoso, abuso o violencia sexual. Nuestras amigas, tías, hermanas, primas, mamás y abuelas han estado sometidas a estas acciones, normalizando y callando frente a la transgresión de territorios y espacios personales.

Desde siempre hemos escuchado la frase «protege a tu hija», pero lo más apropiado debería ser «educa a tu hijo», a través de educación sexual integral para que la violencia sexual se reduzca y ojalá se erradique. Porque no queremos más hijos del patriarcado que se transformen en potenciales violadores como Pradenas y terminen destrozando cada fragmento de nosotras porque esas partes nunca volverán a unirse como le sucedió a Antonia.

Antonia, destrozada, le contó a su ex Rodrigo Canario que la habían violado con lo fuerte que es relatar un episodio de violencia sexual. Pero esta confesión no fue casual porque él en primera instancia la encaró por «meterse» con otro porque una amiga le había contado ese rumor, pese a que habían terminado su relación hace un mes.

Ella le explicó llorando cómo habían sido los hechos y lo ocurrido era una violación. Él no le creyó, grabó esta conversación sin su consentimiento y se la envió a su amiga. Esa amiga la reprodujo en altavoz, escuchando su pololo, muy amigo de Pradenas, a quien le contó inmediatamente. Luego Pradenas llamó a Antonia para pedirle explicaciones por haberlo «funado», siendo que ella nunca quiso que una experiencia tan traumática como es una violación, fuera expuesta de una forma tan cruel y dolorosa. Ahora pueden comprender a mayor cabalidad la decisión de Antonia.

Me dueles tanto Antonia Barra porque pienso en tus batallas, tormentas y cómo debieron haber sido esos últimos días de vida para ti. Porque puedo ser testigo de lo violentada que sentiste, siendo que el día de la violación, tu amiga Consuelo fue a buscarte a la casa que arrendaba Pradenas, quien te acompañó después y comentó en la audiencia que no dejabas de llorar y que, incluso, ayudó a bañarte porque te sentías sucia.

Y más me duele que expongan tu caso en televisión y que quede el micrófono abierto de un periodista y salga al aire «era una loquilla», lo que tampoco me sorprende por el modelo patriarcal en el que vivimos, el que sigue revictimizando a sus mujeres. Porque pareciera que nosotras tuviéramos la culpa por estas capas de machismo en esta sociedad que no nos cree, nos responsabiliza de algo que no debió haber ocurrido y que no nos protegen, dejándonos en la máxima indefensión.

Por eso no asombra la resolución dictaminada hacia este caso en primera instancia porque no es una cuestión legal, es una cultura de violencia. Sin embargo, pese a que se decretó prisión preventiva contra Martín Pradenas, el proceso recién comienza: falta la investigación, la audiencia preparatoria y, lo más importante, el Juicio Oral, por lo que espero que se obtenga una condena efectiva porque queremos justicia y paz por Antonia, al igual que las otras víctimas.

Antonia no soportó y a los 20 años se suicidó porque no le creyeron. No alcanzó a titularse, ni a conocer a esa amiga del trabajo, ni a hacer ese viaje que quería, tampoco a conocerse de adulta, ni menos ver sus arrugas al envejecer. No alcanzó a ver que no estaba sola, que estamos con ella y con Gabriela, Carolina, Sophie, Juliana, Ámbar, Antonia, Florencia, María José, Nabila, Carola, Maciel, Alison, Norma, Fernanda, Nicole, Karen, con las niñas de Alto Hospicio y con tantas otras mujeres víctimas del patriarcado que nos juzga por nacer. Por mí, por ti, por nosotras y por todas las generaciones que se aproximan. Todas seremos tu voz, nunca más solas.

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